Espacios rurales, ¿inmóviles?

En tan sólo seis meses que llevo viviendo en la ruralidad de nuestro país, acá en la zona sur, he descubierto los peligros de la movilidad “alternativa”, así en comillas porque acá la bicicleta no es vista como una segunda opción sino más bien como el transporte individual privilegiado. Pero ¿qué pasa cuando la irrupción de la conciencia motorizada nacional se expande hacia estas regiones?, pues se establecen carreteras qué mientras indican velocidades límites entre 40 y 60 kilómetros por hora, el diseño de las mismas promueve moverse a más del doble de estos mismos.

Esta movilización de altas velocidades, no se ajusta a un diseño e identidad que concebían las mismas ciudades y pueblos, con una apaciguada vida rural que aún se percibe en la interacción con sus habitantes; esta paradoja de movilidad resulta en graves y hasta mortales resultados, pues muchas personas continúan viendo las carreteras como caminos para andar en su bicicleta sin aumentar su precaución ante las altas velocidades que los automóviles toman en las mismas.

Una omisión compartida de deberes y preceptos al momento de transportarse en carreteras por parte de choferes motorizados y de ciclistas, unos por no dar el espacio y tiempo, y los otros por no hacerse lo suficientemente visibles (entre otros factores). Y acá es dónde nos volvemos “inmóviles”.

Los cantones de Osa, Corredores y Golfito, son cantones primordialmente de siembra de palma y pesca, pueblos que se distancian muchos kilómetros, en los que hay interconexiones de caminos de piedra-lastre pero que a los centros donde se registra la mayor actividad comercial se tiene que trasladar por la carretera en la que, como mencionaba anteriormente, los vehículos se movilizan a velocidades temerarias.

Los y las escolares llegan a sus escuelas en sus bicicletas y en ocasiones en sus tramos tienen que tomar estas carreteras. Muchas personas se movilizan a sus casas y trabajos de la misma manera, pues el transporte público es escaso y tarda a veces demasiado. Y la gran mayoría de estas personas siguen movilizándose como si aún estuvieran en sus comunidades con calles de lastre, sin “reflectivos” ni cascos, sin luces ni guantes.

“Inmóviles” pareciera ser lo justo ante un entorno cada vez más peligroso, pero acá nadie se queda quieto. Y ese es el detalle, ningún gobierno (local o nacional) se esfuerza en proteger a su gente, el diseño sigue siendo “carrocentrista” aun existiendo alta demanda por una movilidad pacífica. Las comunidades del sur merecen una protección a su movilidad, se debe reeducar a su gente ante los principios de seguridad en carretera, pero también se debe replantear el diseño de carreteras y espacios comerciales, bici-carriles y concientización publicitaria en carreteras ante el peligro de las altas velocidades.